Cuando los ángeles llegan...
Las diversas tradiciones cristianas nos indican
que para cada persona hay un ángel guardián. El mismo que está asignado para
protegerle de todo mal y guiarlo por el buen camino. Pues como decían nuestras abuelitas "cuando los ángeles llegan, los demonios se van". Algunas personas lo podrán
tomar como historias que contar a los niños para que se porten bien; pero hoy,
seguidores de la angelología (estudio de los ángeles) nos indican que los
ángeles se relacionan con la humanidad de diversas maneras, para servir los
propósitos de Dios.
De acuerdo a esta doctrina, los ángeles son un
orden de seres totalmente diferente de los seres humanos. Los seres humanos no
se hacen ángeles después de morir. Los ángeles nunca llegarán a ser, y nunca
fueron seres humanos. Dios creó a los ángeles, tal como creó a la humanidad.
El concepto de “ángel de la suerte” es similar
a un ángel de la guarda, pues es un ser que canaliza el buen augurio y trae
abundancia y prosperidad a su portador. La idea es que el cuerpo etéreo del
ángel actúa como un imán para la energía cósmica, proyecta un resplandor
luminoso alrededor de sí mismo y atrae la buena suerte. Su campo de fuerza se
mezcla con las emanaciones mentales y emocionales para atraer las cosas
positivas que el portador anhela.
En países como por ejemplo, Alemania, para
atraer la buena suerte es muy común que personas porten amuletos que incluyan
al “ángel de la suerte” o “Schutzengel” a manera de un “glücksbringer” que
quiere decir “traedor de suerte”. Y es que la creencia parte de que los seres
humanos nos encontramos rodeados de ángeles, los cuales están a nuestra
disposición para guiarnos y ayudarnos. Para acercarnos a ellos es cuestión de
fe.
Algunas personas podrán decir que cada uno se
labra su fortuna, pero lo cierto es que la visualización de elementos positivos
ayuda mucho para la canalización de buenas energías. Y como dice el antiguo refrán, “los
ángeles nunca están demasiado lejos como para no escucharte”.
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